La identidad de las mascarillas

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Recientemente he tenido el honor de participar en la elaboración del libro “Total Value Management. Una guía para transformar tu empresa” junto a los 23 consultores restantes de la Red de Consultores Totales. En él definimos la identidad de una organización de este modo: “Un relato sintético que, al ser contado, muestra quién ha sido, quién es y quién quiere llegar a ser la organización, y que se materializa a través de todos los vehículos imaginables para entregar valor al mercado”, y también se puede leer: “Todos sabemos lo que somos, lo que podemos llegar a ser y lo que nunca seremos. Con las empresas pasa lo mismo, aunque en ocasiones la identidad es inconsciente.”

Las empresas, los departamentos, las marcas, las entidades y, naturalmente, las personas tenemos una identidad, para ser “únicos, distintos y distinguibles de los demás”.

Total value management (profit editorial, 2020)

Hoy me ha dado por pensar que las cosas también tienen identidad, y que dicha identidad se transforma en función de las condiciones del entorno. Normalmente, dicha transformación lleva mucho tiempo. Uno no cambia “quien es” de la noche a la mañana. Una marca tampoco. Y tampoco una organización. Pero con las mascarillas protectoras que han pasado a formar parte de nuestra cotidianeidad, tenemos un ejemplo claro de cómo la identidad puede variar a gran velocidad.

¿Qué es una mascarilla?

Antes de la pandemia de la Covid-19, las mascarillas eran una excentricidad. Quien las llevaba era un excéntrico. Acostumbrábamos a mirar con sorpresa a las personas, normalmente japonesas, que las llevaban por la calle o en conciertos o espectáculos.

Nos atacó el virus y la mascarilla se convirtió en una etiqueta para identificar (cuando no señalar) a las personas infectadas, que eran quienes debían llevarlas para prevenir que contagiaran a personas sanas.

Pero la pandemia avanzó y la mascarilla se convirtió en otra cosa: una obligación y una incomodidad. Por norma debíamos llevarla. Primero cuando no se podía garantizar distancia de seguridad y después en cualquier situación en el ámbito público. Y, claro, cuando la mascarilla ES una obligación, surge la tentación de transgredir la norma y no llevarla. Es una forma muy de aquí de definir la propia identidad: yo NO sigo las normas. Estoy por encima de ellas. Soy un pícaro y busco la manera de no plegarme a lo que me obligan.

Me ha dado por pensar en esto hoy mientras hacía ejercicio por la montaña y me fijaba en quién la llevaba y quién no. Se supone que las personas que están haciendo deporte no están obligadas a llevarla. Sin embargo, hay runners, ciclistas, power walkers, etc… que aunque no estén obligados se la ponen cuando se cruzan con otra persona. Y he visto claramente que el próximo paso y la forma de que se generalice aún más el uso de la mascarilla es que se convierta en una muestra de respeto por los demás.

Si se convierte en un gesto respetuoso estoy seguro de que será más fácil que todos la llevemos. Siempre habrá gente irrespetuosa, pero los que sí lo somos estaremos más dispuestos a llevarla (y nos la olvidaremos menos) si la identidad de la mascarilla muta en esta dirección.

¿Cómo hacerlo? A mi se me ha ocurrido hoy, por ejemplo, dar las gracias a quien se la ponía al cruzarse conmigo. El respeto es de agradecer.

Debo decir que todo esto ha sido inconsciente y que no ha sido hasta al llegar a casa que he pensado en ello. Y es que, como decíamos al principio, la identidad de las cosas (como la de las organizaciones) también es algo inconsciente.

La Covid-19 ha puesto patas arriba el mundo tal como lo conocemos. Muchos de los paradigmas sociales y empresariales han saltado hechos pedazos. Y algunas de las identidades de las organizaciones, marcas, personas y hasta cosas que nos rodean están mutando. En algunos casos a una velocidad desconocida hasta ahora. Y al hacerlo, definen campos nuevos de valor.

Sin embargo, la metáfora para mi es que, en momentos de zozobra, asirse a la propia identidad, aunque sea para repensarla (como la mascarilla), es fundamental para sobrevivir con éxito. Cuántos negocios deberán repensar su identidad para salir airosos de todo esto. Y cuántos perecerán por no atreverse a hacerlo.

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