Influencia contra el virus

Home / Habilidades de liderazgo / Influencia contra el virus

Recientemente hemos visto al Dr. Fernando Simón haciendo un llamamiento a los influencers para que aporten su granito de arena para frenar la expansión del virus Covid-19 en los rebrotes veraniegos.

Habiendo escrito recientemente el libro “El influencer que llevamos dentro. Cómo ejercitar la capacidad personal de influencia” no he podido menos que reflexionar sobre esta peculiar llamada en clave de lo que se desarrolla en dicho libro.

He visto reacciones de todo tipo ante esta situación. Para algunos es una muestra de desesperación y de no saber ya qué más hacer desde un punto de vista sanitario. Para otros es un intento intuitivo y poco afortunado de hablar en un lenguaje dirigido a la población más joven, la que parece que está propagando en mayor medida el virus este verano debido al ocio grupal y nocturno. En cualquier caso, está claro que, como dice él, hay personas con influencia que pueden ayudar a transmitir un mensaje.

Hay algunas cuestiones que merece la pena comentar.

Lo primero es que el Dr. Simón apela “sólo” a la visibilidad que poseen dichos influencers, y no a su poder de influencia. La notoriedad sólo es una plataforma sobre la que empezar a construir la influencia. Se puede influir sin notoriedad, aunque una correcta influencia genera visibilidad y vinculación, eso es cierto. Hay muchísima gente muy notoria y con cero capacidad de influir. Es más, con cero ganas de influir. Influir supone algo más que visibilidad: supone aportar un valor personal dirigido a cambiar algunas opiniones y comportamientos de otras personas…porque esas personas quieren hacerlo. El influencer no manipula, sino que aporta cosas que invitan a los influenceds a adoptar ciertos comportamientos. Dicho de otro modo, no porque un influencer de estilo de vida salga en sus fotos con la mascarilla puesta, automáticamente sus seguidores se la van a poner, al menos no el grueso de los mismos. Hay que aportar algo más, y ahí no todos los influencers online son capaces de encontrar ese “algo más”.

Probablemente el Dr. Simón debería apelar más a la influencia silenciosa, a la de cada día, a la que ejercemos los desconocidos que poseemos un cierto grado de influencia en un círculo específico porque hemos aportado algún valor. Todos influimos y somos influidos en pequeñas dosis por personas en nuestro día a día. Esa es la influencia poderosa. La “micro-influencia”. Yo tengo un amigo que es mi influencer en temas relativos al automóvil. No sé muy bien por qué (no es mecánico, pero cuida mucho su vehículo y me gusta cómo conduce…supongo) pero lo cierto es que ante cualquier duda me dirijo a él en busca de consejo. Recuerdo en un viaje juntos ver a mi amigo conducir respetando escrupulosamente los límites de velocidad. Reconozco que me sorprendió y pensé: “Paco (es su nombre) podría estar conduciendo a gran velocidad y haciéndome demostración de su pericia al volante, pero no lo hace, conduce bien, suave y respeta los límites”. Paco, indirectamente y sin pretenderlo (ese es uno de los atributos de los auténticos influencers) modificó mi manera de conducir, que se volvió mucho  más prudente (al menos en lo relativo a la velocidad). Bien, pues son los Paco’s, cada uno en su ámbito de influencia, los que pueden ayudar a pregonar un comportamiento sanitariamente correcto. Bien está apelar a los visibles y relevantes, pero la influencia auténtica también se produce silenciosamente.

¿Un ejemplo? Esta misma mañana he ido a comprar y he coincidido con un grupito de chicos jóvenes en la entrada. Estábamos ya entrando todos cuando de repente el que parecía llevar la voz cantante del grupo (y el altavoz a todo volumen) se para, vuelve atrás y dice: “Ostras, voy a ponerme guantes.” Inmediatamente el resto del grupo también ha cogido guantes y, ¿saben qué? Yo también lo he hecho. Me ha influido.

Habría que apelar también a ellos, Dr. Simón.

Una segunda cuestión que me llama la atención tiene que ver con la diferencia entre Jefe, Líder e Influencer, que también aparece en el libro. El Presidente del Gobierno o el Ministro de Sanidad son Jefes, ya que están al frente de un organigrama. El poder de sus mensajes pregonando cuál es el correcto comportamiento entre los jóvenes en lo referente al virus ya ha tocado techo. El propio Dr. Simón o, pongamos por caso, un responsable de la instalación de un gran hospital de campaña para atender enfermos de Covid-19, serían líderes, ya que tienen un proyecto que empujar y unos objetivos que perseguir. Pero su poder tampoco parece bastar. Es curioso que los propios jefes y líderes apelen a las personas influyentes, a esas que no tienen ni equipo a su cargo ni proyecto oficial que liderar, pero que pueden ejercer influencia y provocar cambio en los demás. Y es que la influencia es una capacidad muy potente y que precede a la jefatura y al liderazgo.

En definitiva, todos llevamos un influencer dentro y podemos “ponerlo en marcha” y echar una mano para que la situación mejore o, por lo menos, no empeore.