Es un momento para influir más que liderar

Home / Habilidades de liderazgo / Es un momento para influir más que liderar

El Covid-19 ha puesto patas arriba a las personas, las organizaciones, los mercados y la sociedad en general. Encerrados y sometidos a todo tipo de impactos informativos, nos hemos convertido en un auténtico Dragon Khan emocional. Hemos leído todo tipo de versiones sobre las fases por las que pasamos ante toda esta situación. No importa a qué teoría nos acojamos, lo que está claro es que todos pasamos por varias fases a lo largo del mismo día. Una opinión o una noticia nos puede trasladar rápidamente de un estado de aceptación a otro de ira, por ejemplo. O de desesperación.

Seguro que por cada grupo de WhatsApp al que pertenecemos hay al menos un Nostradamus vertiendo teorías apocalípticas sobre el futuro que nos espera a raíz de la crisis sanitaria y su derivada crisis económica. Y seguro también que en esos mismos grupos hay por lo menos un optimista empedernido que está convencido de que de este embate saldremos todos más humanos, solidarios y conscientes.

Estos días estamos bajo la influencia permanente de todo tipo de micro impactos que nos afectan. Nos afectan a nuestra moral y esta afecta a su vez a nuestros planes de presente y de futuro. Yo mismo he pasado en el mismo día (en la misma mañana, diría yo) de estar satisfecho por haber logrado activar a un cliente a hacer planes para solicitar un trabajo recogiendo fruta en el campo este mes de junio. Y si me pongo a pensar en qué es lo que me ha generado semejante cambio concluyo que es la suma de varias pequeñas influencias: el parte televisado de fallecidos por la maldita enfermedad, un artículo de tinte catastrofista, la opinión de un colega de profesión al que le han denegado un ICO,…

Todos influimos sobre todos. Y la suma de las influencias que recibimos a lo largo del día configura nuestro estado de ánimo y nuestras estrategias para salir de esta.

Al mismo tiempo estamos viendo como los supuestos líderes públicos son incapaces de tirar del carro con una dirección clara y unos mensajes unidireccionales y coherentes. Por ello, ante la falta evidente de liderazgo, cobran importancia las influencias en nuestro día a día. Influir va antes de liderar. Ejercer liderazgo exige influir, eso está claro. Pero se puede influir sin ser el líder de nada. Lo que está claro es que las influencias positivas presentes devendrán en liderazgos futuros…si se quiere. Porque esa es una de las diferencias entre ambos términos: la influencia se ejerce normalmente de manera inconsciente, mientras que el liderazgo es consciente.

Podemos decir que para ser Jefe necesitas un organigrama que lo acredite, para ser Líder necesitas un proyecto del que tirar, en cambio para Influir no necesitas nada, sólo echar mano de tu capacidad de influencia.

Las personas con equipos a su cargo harían bien en entender que este es un momento de influir y no obsesionarse con liderar. En lugar de embarcarse en macro-estrategias para mantener a los equipos cohesionados, motivados y activos, mejor actuar de manera influyente, en el día a día, sin grandes aspavientos. Se trata de ser un “Influencer”, pero no de los de las redes sociales. Sino de los del día a día.

Se trata de que las personas para las que somos referencia sepan que estamos ahí, cerca, que nos preocupa y nos ocupa cómo están. Y cómo están en un sentido amplio. Sin jugar a ser psicólogos si no lo somos. Pero con la voluntad honesta y sincera de conocer y empatizar con su situación. Ya habrá tiempo para recuperarnos juntos.

Por el momento seamos una buena influencia, tratemos de mantener una comunicación y unas acciones coherentes con lo que somos (y con lo que hemos sido, no tratemos ahora de ser alguien distinto) y consistentes con los valores que hemos definido y la identidad que hemos dibujado con nuestro equipo. Ya vendrá el momento de liderar.

Hay que tener en cuenta que en este momento la esencia de las personas está a flor de piel. Nos lo estamos recuestionando todo. La fuerza mayor nos está empujando a hacerlo. Digamos que nos han bajado de golpe a las fases “bajas” de la Pirámide de Maslow y al mismo tiempo nos hemos dado cuenta de qué es aquello en lo que creemos realmente y lo que nos mueve por encima de las demás cosas. Por ello es una buena oportunidad para generar o reforzar un vínculo de unión basado en esa esencia.

Podemos ser influyentes desde lo esencial. La esencial es la influencia más potente y por tanto la que debemos ser más cuidadosos a la hora de ejercerla. Si logramos aprovechar esta circunstancia y forjar vínculos esenciales, estaremos aprovechando la oportunidad para transformar nuestro equipo en una auténtica tribu, que saldrá de esta crisis más potente y mejor preparada para las dificultades que nos vienen.

En definitiva, es el momento de sacar al “Influencer” que llevamos dentro y sacarle brillo a las herramientas personales de influencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *