Herramientas de autoanálisis: el colador

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Ve a tu cocina. Abre el cajón que está debajo del cajón de los cubiertos. Allí normalmente tenemos accesorios de cocina: espátulas, cucharones, batidores… Toma un colador. Cógelo por el mango. Míralo de perfil y luego mira a través de la redecilla. Ese colador eres tú.

La metáfora del colador nos servirá para tener una guía sobre cómo trabajar nuestro potencial y mejorar nuestro rendimiento.

El axioma de base es sencillo. La fórmula de nuestro rendimiento (profesional, deportivo, social, personal…) es casi insultantemente simple: el rendimiento es igual al potencial menos las interferencias.

R = P – I.

Para seguir con la metáfora de la ley del colador, vamos a imaginar que echamos agua (o cualquier otro líquido) por la boca del colador. El agua que salga por debajo del colador será nuestro rendimiento. Cuanto más amplia sea la boca y más limpia esté la rejilla, más agua pasará a través del colador.

 

NUESTRO POTENCIAL:

El potencial es el diámetro de la boca del colador. Cuanto mayor sea el diámetro, más contenido líquido podrá entrar y pasar a través de él y por tanto, mayor será nuestro rendimiento.

Nuestro potencial viene determinado por cinco aspectos. Mejorándolos ampliamos el diámetro de la boca del colador:

1.- Nuestro ADN: Efectivamente, si alguien tiene las cuerdas vocales dañadas, difícilmente será cantante de ópera. Si alguien tiene menos de 18 años no podrá obtener el permiso de conducir. Pero si no es por estas cuestiones físicas o normativas, todos podemos cantar ópera (a un nivel determinado que nos satisfaga, quizá no profesional) o sacarnos el carnet y conducir (al nivel de habilidad que podamos).

2.- Nuestra actitud: La actitud no lo es todo. Pero sí un elevado porcentaje. Querer mejorar es fundamental para realmente mejorar nuestro rendimiento. Mejorar nuestros músculos abdominales requiere esfuerzo y por tanto la actitud adecuada para hacerlo. No siempre será agradable o divertido, por ello si no la tenemos nos apuntaremos al gimnasio en enero y en febrero ya no estaremos acudiendo.

3.- Nuestro conocimiento: Necesitamos conocer los fundamentos, las reglas, los resortes y los procedimientos. Debemos conocer la teoría y los porqués de las funciones y tareas que llevamos a cabo. Querer entenderlas nos permitirá mejorar.

4.- Nuestra práctica: Hay que “bajar a las trincheras”. No conocemos a nadie que haya aprendido a vender por correspondencia. A un cierto punto hay que ponerse el mono de trabajo y lanzarse a la ardua tarea de poner en práctica los conocimientos adquiridos.

5.- Nuestra habilidad: Cuando logramos interiorizar la práctica y convertirla en un hábito nuevo, entonces es cuando realmente hemos ampliado nuestro potencial. Para ello necesitamos herramientas que nos permitan evaluar nuestro desempeño y medir si progresamos adecuadamente o estamos volviendo a hábitos anteriores.

 

Vamos ahora a interpretarlo en negativo. Vamos a ver cómo acostumbramos a reducir nuestro propio potencial:

ADN: La frase típica es “No puedo”. Cuando como decíamos, median cuestiones físicas o reglamentarias, no hay nada que decir. Mi hija está deseosa de sacarse el carnet de conducir pero tiene sólo 16 años. No tiene potencial como conductora todavía. Sin ambargo a veces nos ponemos “es que’s” disfrazados de límite de ADN que no son más que excusas: “es que me pongo nervioso al salir a hablar en público”. Lo siento pero esos “es que’s” se pueden trabajar… con la actitud adecuada.

Actitud: “No me apetece, me da pereza, no veo por qué…”. No hay duda, si no te apetece no lo harás al máximo de rendimiento. Lo harás para cubrir el expediente, pero que nadie busque excelencia en tu desempeño.

Conocimiento: “Me falta información, conocimiento”. Si has superado la fase de la actitud no tengo dudas, buscarás ese conocimiento. Busca quien te forme. Seguro que está disponible en alguna parte de la organización, en el mercado educativo… o en internet.

Práctica: “No lo he hecho nunca”. Fácil!! Busca quien te acompañe o confíe en ti. Tienes ya las ganas y el conocimiento, sólo hace falta “soltarse”. Lo harás bien!!

Habilidad: “Yo ya lo hago a mi manera”. Las rutinas. Somos hábiles y ya expertos en algo y…a menudo perdemos la oportunidad de ver otras maneras de hacer las cosas que hacemos casi sin pensar. Seamos abiertos de mente, aceptemos otras maneras…y mejoraremos nuestro potencial sin duda.

 

LAS INTERFERENCIAS:

Si los orificios de la rejilla del colador están obturados, el agua que echamos por la boca no pasará a través del colador, rebosará y se desperdiciará. Es decir, estaremos desperdiciando potencial.

Las obturaciones de la rejilla son las interferencias.

Las interferencias son aspectos, circunstancias o situaciones que reducen nuestro Potencial e impiden que se transforme en Rendimiento.

El miedo, la comodidad, los rumores, las agendas ocultas…actúan como cortocircuitos de nuestro potencial. El excesivo miedo al “qué dirán” puede lastrar nuestro potencial (un deportista demasiado pendiente de la prensa, por ejemplo), así como también lo lastra un “job description” mal hecho (“¿esto por qué me toca hacerlo a mí?”).

Es básico identificar y minimizar dichas interferencias.

Os propongo el siguiente ejercicio: coged un proyecto que esté «encallado» (o un cliente, una negociación, un lanzamiento, una nueva relación interpersonal…) y haced un listado exhaustivo de tareas asociadas. Importante que sea exhaustivo. Cuando lo tengáis coged esas tareas y “lanzadlas” dentro del colador. ¿Dónde está el cuello de botella? ¿Dónde se pierde potencial en vuestro caso para llevar el proyecto a buen puerto? ¿Hay demasiadas cosas que os dan pereza? ¿O bien no sabéis por dónde empezar? ¿Hay cosas que quizá nunca habéis hecho? ¿Hay tal vez demasiada rutina en esa lista?

Recordad: R = P – I