Tienes sie7e segundos

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En psicología se habla de que tardamos 7 segundos en formarnos una primera impresión sobre alguien. Y, seamos honestos, una vez que nos la hemos formado, es difícil de cambiar (no imposible) y va a condicionar muy mucho nuestra relación con ese alguien. Y esta regla es válida para familiares, amigos, clientes, compañeros de trabajo, miembros de nuestro equipo,… Tomemos a cualquiera de las personas que están presentes a día de hoy en nuestras vidas: de todas ellas recordamos cómo se produjo esa primera impresión y qué sensaciones tuvimos en esos sie7e segundos. Esa primera impresión condicionó sin duda la relación que hoy tenemos con ellos.

 Ya hace más de sie7e segundos que estáis leyendo este post, por lo que ya os habéis formado vuestra primera impresión sobre él. Si os ha gustado cómo ha empezado, os sentiréis estimulados a seguir leyendo. Si no es así, es difícil que sigáis adelante y, quizá, ya habréis abandonado la lectura. Del mismo modo que el titular y la entradilla (si es que aún la llaman así) de un artículo periodístico es clave para decidirnos a leer todo el redactado, las primeras impresiones son definitivas para ver si una relación entre personas puede avanzar o está destinada al no entendimiento.
De cómo empieces depende cómo acabarás. La predisposición que se genera en esos segundos iniciales de “escaneo” resulta clave.

En lenguaje de ventas, diremos que la “teoría de los 7 segundos” se declina en la teoría del “7/70”: en 7 segundos nos jugamos el 70% de…la NO VENTA. Es decir, nuestro cliente tarda sólo sie7e segundos en decidir que NO nos compra. Que SÍ nos compre, lo siento, cuesta más.
Pongámonos en “modo cliente”: ¿cuántas veces hemos entrado en un establecimiento con la idea de comprar y nada más poner un pie dentro hemos sentido que no nos apetecía?. ¿De qué depende esta sensación y esta decisión? (quizá acabemos comprando lo que íbamos a buscar ya que estamos allí, pero que ni intenten vendernos algo más). Depende de cómo han transcurrido esos sie7e segundos iniciales. Quizá hacía calor, o estaba desordenada, o el dependiente estaba concentrado en su móvil, o había cola… No somos conscientes de ellos, pero esos segundos iniciales han definido nuestra actitud ante la situación de comprar (mejor, de NO comprar) allí.

Pensemos en una charla, curso o seminario al que hayamos asistido y que NO nos haya gustado. Tratemos de recordar cómo empezó. Algo ocurrió que nos predispuso negativamente y que no se remontó durante el resto de la sesión. El ponente o el profesor ya llevaba un lastre demasiado pesado que él mismo había provocado. Recordemos ahora una que nos impactó positivamente. ¿Cómo empezó?. Seguro que lo recordamos. Nos mostró en esos segundos que “iba” a ser interesante, que nos “iba” a aportar valor.
¿Somos conscientes de cómo son nuestros primeros 7 segundos?. La respuesta es que normalmente no. Y si lo fuéramos nuestra probabilidad de éxito en las interacciones personales se multiplicaría, ya que podríamos predisponer a nuestra contraparte de manera positiva desde el minuto 1 del partido. Para ello recomiendo buscar el “efecto espejo”: es decir, que otras personas nos ofrezcan su visión de manera honesta y sincera sobre qué primera impresión acostumbramos a ofrecer. La forma de preguntarlo es “qué sensación doy”, ya que los sie7e segundos se conforman a través de sensaciones, no hay casi nada de racional en ellos.

 

Y ahora llega la buena noticia: los sie7e segundos dependen de nosotros mucho más que de los demás. Tenemos la capacidad de trabajar estos momentos iniciales para adaptarlos a la persona o audiencia que tenemos delante. No hay que “esperar” dar una buena primera impresión, hay que “trabajar” la primera impresión en función de quién tenemos en frente y con quién tenemos que interactuar. Según el cliente que tenga delante, por ejemplo, tendré que ofrecer una primera impresión más empática o más fría, más emocional o más racional, más técnica o más experiencial… el objetivo es que la interacción empiece con buen pie. Porque de cómo empiece depende en gran parte el resultado final de esta interacción.
Os recomiendo analizar vuestros primeros sie7e segundos, adquirir conciencia de ellos y trabajar alternativas para ampliar nuestro abanico de primeras impresiones positivas.
No hay que olvidar que muchas veces esa primera impresión se forja a través de aspectos puramente visuales, de imagen. Cómo va vestida la otra persona, su peinado, su mirada, incluso su nombre nos hacen tomar decisiones iniciales sobre ella, de manera justa o injusta (no es este el momento de debatir esta cuestión), pero sin duda afectan de manera casi definitiva. Algunos de estos aspectos no podemos modificarlos, pero la gran mayoría sí podemos. Está en nuestra mano.
¿Cómo son tus primeros sie7e segundos? Tus clientes, tus colaboradores, tus colaterales, tus amigos,… toman decisiones sobre ti en base a ellos.